YA LLEGA EL VERANO

Y nos pondremos fresquitos en las playas, piscinas, lugares de baño, etc. También en terrazas, barbacoas, reuniones varias; y en el metro, autobús, conduciendo una moto o bicicleta y más y más. En resumen, que vamos a ir enseñando. Enseñando lo que cada uno pueda o quiera. Pero los lugares de exhibición  por excelencia son las playas y zonas de baño.

De los hombres no voy a hablar (¿porque soy hombre?) porque no me da la gana. ¡Ay dios! Pero de la mujer si lo voy a hacer, aunque sólo me voy a referir a un asunto: Las Tetas. Esas glándulas mamarias que provocan en nosotros esas reacciones tan, tan…bueno, pues eso. Porque ojeadores somos todos. Que nadie lo niegue. Unos muy discretamente –sobre todo si lleva al lado a la parienta- y otros sin compasión, con delirio, con hambruna acumulada desde la infancia.

Y como de imaginación ando algo escaso –y el caso lo requiere- voy a pasar la palabra a un gran escritor manchego llamado Francisco García Pavón que nos obsequió con un maravilloso ‘Catálogo de Tetas’ allá por el año 1968 en su libro detectivesco El reinado de Witiza que desde luego no tiene desperdicio. ¡Ojala lo lleven al cine! Ya vimos a su personaje principal Plinio (Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso) en una serie de TV de hace muchos, muchos años.

En dicho catálogo que queda reseñado a continuación puede que, como ocurre a menudo cuando se redactan catálogos de cualquier cosa, pudieran existir subfamilias o subgrupos o lo que a cada uno le dé por decir, además de que, por la fecha en la que se escribió, habría poca silicona (o ninguna) en el mercado español, con lo enriquecedora que está siendo actualmente para poder continuar añadiendo al “Catálogo” nuevas y variadas formas de las susodichas glándulas.

Pero bueno, eso es otro tema. Aquí dejo esta maravilla de D. Francisco García Pavón:
-La de torta de Alcázar (1). Redondas, sin relieve y con el pezón sumido.
-Las agradecidas y sueltas, que, aunque duras, temblequean a cada golpe de tacón.
-Las de pera de agua, que empitonan el vestido y lo alzan por la parte delantera.
-Las mansas de corazón y a la buena de Dios, que se dejan caer sin perder su fortaleza y comen en la mano.
-Las satisfechas de la vida, que de puro hinchadas no dejan ver a la propietaria la parte baja de su propio cuerpo.
-Las lloronas, en forma de llamador, aunque tengan su miaja de vuelta hacia arriba para aspirar el aire del escote.
-Las de una paacá y otra paallá, como si estuvieran disgustadas o buscaran la salida por cada manga de vestido.
-Las arrejuntadas, que se buscan el pico.
-Las de alforja vacía, y casi, casi líquidas, que hay que enfrascarlas en calcetines especiales.
-Las de calabacín sin gracia y con el pezón entornado de pura vergüenza.
-Las de vieja decrépita, que se la sujetan a la cintura con el mandil para no volar.
-Las que fueron y sólo dejaron el lunar.
-Las desparejadas: una con pezón y la otra esfera lisa. O un gallete y la otra aburrida…Estas suelen decirse que las tienen las que fueron engendradas a pie derecho y en cuesta, sin el reposo y nivel de la cama.

PD: Yo que soy un gran admirador del “resultado de nuestra costilla” (la mujer, ¡vamos!) me gustaría mucho encontrar un libro –si es que existe- en el que podamos leer un catálogo parecido, pero de nosotros los hombres y referido a … cualquier parte o ‘partes’ de nuestro cuerpo. Naturalmente escrito por ellas. Lo deseo fervientemente porque tampoco tendría desperdicio.

Fco. García Pavón y Antonio Casal en su papel de Plinio

(1)Nota de Zumba Solo: Las tortas de Alcázar de San Juan (pueblo que me vio nacer) aparte de su especial textura y sabor, son planitas de apenas 1 centímetro de altura y van cocidas en un papel, llegando así al mercado.