LAS MANOS DE LUCHY

De dcha. a  izqd: Luchy, Pepe y Mª Ángeles

Pequeñas manos que tienen alma propia. Que hacen magia. Decía el viejo barbudo matemático griego llamado Arquímedes:”Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, frase que ha quedado para la posteridad para enseñarnos que no hay nada imposible, o casi nada. Y Luchy hemos visto que es de esas personas; persona que no se rinden ante las dificultades, que juegan arriesgando,  que creen en lo que hacen y terminan luciendo como una bella estrella en el firmamento. Autodidacta que  habla a sus manos para comunicarle a sus obras que tienen alma propia y que solamente es cuestión de enseñarles como mostrarse. Solamente.

Así nos explica como realiza sus trabajos sobre la madera, solicitándole a la pieza en bruto que se asome tal como Luchy desea. Y así, obedientemente, como si de un ser vivo se tratara, y después acariciar con sus manos la madera, resulta que ésa intuición primigenia  se muestra como una verdadera obra de arte. Es la virtud del artista. Y nos quedamos boquiabiertos.

Le comentamos que la confección de estas obras tiene que ser un arduo trabajo y ella nos responde que “bueno, hay que mirar dentro del tronco de madera y ver lo que deseas extraer”. Y el resultado es una Virgen de 80 cms. de altura en la que nos maravillan cada uno de los detalles; sus ojos, su pelo, sus manos y esos magníficos pliegues de sus vestiduras que parecen mecidos por un imperceptible y suave viento.

Y su Cristo en la cruz, su Cruzado descasando sobre su espada, entre otros muchos. El Escudo de armas que se sale de la madera diciéndonos “aquí estoy yo porque Luchy me ha dado vida”.

Y nos empieza a contar más cosas, y nosotros comenzamos a empequeñecer progresivamente. Nos enseña sus ‘moñas’ que son adornos de madera tallada que se colocan sobre el respaldo de las denominadas ‘bancas’, asientos, normalmente para 3 personas, muy antiguos y típicos de  las regiones de Castilla-La Mancha. Y las restauraciones de mesas, sillas, sillones, armarios, baúles y un dilatado y variopinto etcétera, del que cuando nos cuenta su origen hasta nos costaría creer que pudieran convertirse en piezas de tal belleza.

Gracias Luchy por abrirnos las puertas de tu casa para ver tanta belleza ‘fabricada’ por tus hábiles manos, por dejarnos emocionarnos con tanta maravilla, por hablarnos de todo ello con tanta sencillez y ese brillo en tus azules ojos que expresan la satisfacción del artista por la obra bien realizada. Tu acogedora casa es un museo que emociona el alma y los sentidos.

Gracias mil.

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