ARTESANÍA EN METAL- MANUEL RUIZ

Estaba preocupado por intentar expresarme de la mejor manera posible cuando me refiriera a Manuel Ruiz, artesano del metal que hemos tenido oportunidad de conocer en este viaje a La Villa de Don Fadrique. Pero he recordado la tarjeta de visita que me entregó aquel día y he visitado su blog. Y al ‘pasear’ por sus páginas se me han pasado todos los sustos y prevenciones.

Tengo que anotar que Manuel no se dedica a la artesanía en metal como profesión, sino por vocación. Se le ocurre una idea, que va gestando como desarrollar y cuando llega el momento, la pare –de parir e imagino que con dolor como relata el Génesis 3:16- para su propia satisfacción. Sin otro motivo que dedicarle un hueco en casa para deleite personal y familiar. Y no se desprenderá de ninguna de sus obras porque son como hijos suyos. Y tampoco quiere valorar económicamente su arte; cuando le pregunto se encoge de hombros. Sus piezas son únicas.

En su blog veo que hace tiempo que no ha colgado ninguna foto de sus magníficas últimas obras que yo dejaré en éste porque, desde luego, son espectaculares.

Cuando pinchéis en este enlace del blog de Manuel Ruiz, en su página inicial nos hace una breve reseña describiendo lo que para él representa la ‘artesanía’. Después lo conoceréis en su particular taller en plena faena. Y luego hacéis el recorrido por algunas de sus obras, que como ya digo, ahora son más.

Empezaré con la foto de este velero. Maravilloso trabajo de una altura de 1,30 m (el cálculo mío).

La lámpara de pie con iluminación indirecta y orientable. En principio nos muestra como un pergamino con una inscripción.

Este maravilloso Quijote que desborda imaginación y del que Manuel nos explica que los cuadros de metal que lo componen, representan las obras que rondaban por la cabeza de Cervantes.

Y para lo último he dejado este Ajedrez. Si el Quijote anterior desborda imaginación, a ver que puedo decir de esta obra. Mejor cierro el pico.

Los detalles son múltiples: sus figuras son espléndidas, de hierro y latón, trabajadas a mano. El tablero, hecho con tubo cuadrado, ensamblado de manera que, mediante unos resortes laterales, puede deformarse como semejándose a las onduladas llanuras de La Mancha. No me he podido callar, tenía que explicarlo.

Agradecemos sinceramente Mª Ángeles y yo, la oportunidad que nos han brindado Manuel y Vene, de admirar estos trabajos tan singulares y hermosos, abriéndonos las puertas de su casa.

Esperamos podernos reencontrar en el futuro y admirar la obra que nos has comentado tener ya en mente.

 

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ENTRE PINCELES, HIERRO Y MADERA.

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Petri con Mª Ángeles

Vicente y Petri son este mes de agosto, nuestros caseros. Tuvieron la amabilidad de alquilarnos esta gran casa y en la que nos sentimos como en propia. Y por esta razón, nos enteramos en conversaciones de café de las habilidades del matrimonio. Comenzaremos hablando de Petri que nos ha invitado a visitar su morada.

La vivienda es enorme y que ya de por sí, tiene muchas cosas para ser admirada. Pero esto se comentará al final, porque Petri, como dama, tiene preferencia. Y a ello vamos.

Esta señora ama de casa, pinta; pero no es que ‘pinte’ –en sentido figurado-, en esta historia, es que pinta (lo iba a poner en mayúsculas) cuadros. Cuadros que, sin buscar ninguna expresión admirativa rimbombante, son ‘¡tela!’. Lleva muchos años entre pinceles y colores y los motivos de sus lienzos son variados.

Tiene hermosísimos bodegones, relajantes paisajes, retratos exquisitos, y que cada nuevo motivo que encontramos sobre la pared, nos arranca un “¡oh!” como si contemplásemos una gran traca en el momento álgido del espectáculo.

Y ella tan tranquila. Nos explica cosas sobre sus trabajos, los premios obtenidos, pero como si no fuera la autora; como si fuera la guía de un museo y estuviera cumpliendo con su obligación.

Durante el recorrido desvía nuestra atención hacia fotos familiares, en especial y como es natural, de sus hijos.

Y sin dejar de escucharla, yo sigo haciendo fotos a diestra y siniestra con el móvil, intentando llevarme a casa tanta belleza y sensibilidad. Ahora tengo que ver como voy a ‘colgar’ en el blog tanta maravilla sin desmerecer las obras o su imagen pierda calidad.

Tengo que pensar.

Te toca Vicente: Tu habilidad está por encima de cualquier juicio  de valor que se intente. Y no lo vamos a intentar. Fíjate que ni tan siquiera hemos fotografiado tus trabajos. Pero no es por nada en especial; es que requieren un monográfico. Trabajas con la madera y el hierro como el que riega el jardín de su casa. Hemos visto las rejas de las ventanas rematadas con las cabezas de los tirafondos de las traviesas de las desaparecidas vías del tren. Sólidas y hermosas. Los farolillos colgados por el patio y el candil al inicio de la escalera y que son una maravilla. El banco del patio o la mesa del garaje. En todo se ve que la soldadura la manejas de fábula. Y en madera, las cosas que fabricas deben ser para que las admiren también las futuras generaciones. Ese brocal del aljibe, una mesa de pícnic, las puertas del garaje y más que ahora mismo no recuerdo. Eres un auténtico maestro digno de admiración.

En fin, que ha sido muy grata la mañana visitando tu casa. Lástima que no hayas podido estar con nosotros por razones de trabajo, porque hubiese  sido magnífico el escucharte el relato de la manufactura de lo que acabo de referir.

Solo queda que os agradezcamos, queridos (como se dice aquí en el pueblo), vuestra gentileza, amabilidad y vuestra confianza al permitirnos ocupar vuestra casa por todo un mes. Gracias, gracias y gracias.

MUÑECA ENTRE MUÑECAS…Y OTRAS COSAS

Aurelia con Mª Ángeles

Recomendado por Alejandra y Carmen, y con el beneplácito de la dueña, visitamos la casa de Aurelia en La Villa de don Fadrique, quien nos recibe con una amplia sonrisa. Vive sola, al menos eso parece -y luego me explicaré por este comentario- en una gran casa llena de recuerdos. Para atendernos, ha abandonado momentáneamente la restauración de un ‘Niño Jesús’ al que le faltan parte de las piernas.

 

Aurelia es una ávida coleccionista, no importa de qué. Hay toda una vida representada por los innumerables objetos, tanto familiares como donados por amigos. Hay colecciones de gafas, frascos, instrumentos de laboratorio, utensilios antiguos de bricolage, collares, vestidos, zapatos, perfumes, cosmética, cámaras de fotos  y muchísimos más artículos que incluso sorprenden por su antigüedad.  Y también pinta cuadros y restaura muebles cuyo origen  nos va explicando. Su habilidad queda plasmada en cada trabajo realizado provocando nuestra admiración.

Cada habitación que hemos ido recorriendo –no recuerdo cuantas- nos sorprende con nuevos recuerdos comentados por la anfitriona para hacernos entender cual es su uso, cómo se ha confeccionado o la época de la que procede. Me llaman la atención especialmente sus cuadros de los que es autora, porque sus tonos o motivos los encuentro tristes;  como reflejando alguna pena o desamor. Así lo comento y ella, en silencio, sonríe.

Llegamos a un par de salas dormitorio repletas de muñecas de todo tipo, tamaño, fabricación y vestido. Nos quedamos maravillados de tal cantidad y colorido; distribuidos por mesitas, mesas, sillas, la cama, estantes e incluso perchas o percheros. 

Y Aurelia nos habla de sus niños, que muchos llegaron aquí en un lamentable estado que requirieron muy importantes trabajos de ‘cirugía’. Algunos sin piernas, bracitos rotos, con falta de un ojo y muchos sin vestir. Ahora brillan resplandecientes distribuidos aquí y allá que parecen que nos sonríen agradecidos a su hada benefactora.

Para el final y como colofón, nos ha deleitado con una hermosísima sorpresa que guarda celosamente en cajas: Sus figuras de belén napolitano confeccionadas por ella misma con una belleza y delicadeza que no tienen nada que envidiar a aquellas que trajera de Nápoles Carlos III y María Amalia de Sajonia y cuyo belén se montó en Madrid por vez primera en el Palacio del Buen Retiro allá por el año 1759.
Es una enorme satisfacción poder sentir y admirar entre las manos, piezas tan delicadas y que tanto trabajo ha llevado realizar.

Así entendemos ahora, que Aurelia aún viviendo sola no lo esté porque cada objeto de su gran casa  representa un trocito de su vida, de sus recuerdos. Y sus muñecos, agradecidos,  serán felices por siempre jamás de que ella los ame, los cuide, y los mime.
Gracias Aurelia por permitirnos entrar en tu vida para poderte conocer un poquito mejor.