MUÑECA ENTRE MUÑECAS…Y OTRAS COSAS

Aurelia con Mª Ángeles

Recomendado por Alejandra y Carmen, y con el beneplácito de la dueña, visitamos la casa de Aurelia en La Villa de don Fadrique, quien nos recibe con una amplia sonrisa. Vive sola, al menos eso parece -y luego me explicaré por este comentario- en una gran casa llena de recuerdos. Para atendernos, ha abandonado momentáneamente la restauración de un ‘Niño Jesús’ al que le faltan parte de las piernas.

 

Aurelia es una ávida coleccionista, no importa de qué. Hay toda una vida representada por los innumerables objetos, tanto familiares como donados por amigos. Hay colecciones de gafas, frascos, instrumentos de laboratorio, utensilios antiguos de bricolage, collares, vestidos, zapatos, perfumes, cosmética, cámaras de fotos  y muchísimos más artículos que incluso sorprenden por su antigüedad.  Y también pinta cuadros y restaura muebles cuyo origen  nos va explicando. Su habilidad queda plasmada en cada trabajo realizado provocando nuestra admiración.

Cada habitación que hemos ido recorriendo –no recuerdo cuantas- nos sorprende con nuevos recuerdos comentados por la anfitriona para hacernos entender cual es su uso, cómo se ha confeccionado o la época de la que procede. Me llaman la atención especialmente sus cuadros de los que es autora, porque sus tonos o motivos los encuentro tristes;  como reflejando alguna pena o desamor. Así lo comento y ella, en silencio, sonríe.

Llegamos a un par de salas dormitorio repletas de muñecas de todo tipo, tamaño, fabricación y vestido. Nos quedamos maravillados de tal cantidad y colorido; distribuidos por mesitas, mesas, sillas, la cama, estantes e incluso perchas o percheros. 

Y Aurelia nos habla de sus niños, que muchos llegaron aquí en un lamentable estado que requirieron muy importantes trabajos de ‘cirugía’. Algunos sin piernas, bracitos rotos, con falta de un ojo y muchos sin vestir. Ahora brillan resplandecientes distribuidos aquí y allá que parecen que nos sonríen agradecidos a su hada benefactora.

Para el final y como colofón, nos ha deleitado con una hermosísima sorpresa que guarda celosamente en cajas: Sus figuras de belén napolitano confeccionadas por ella misma con una belleza y delicadeza que no tienen nada que envidiar a aquellas que trajera de Nápoles Carlos III y María Amalia de Sajonia y cuyo belén se montó en Madrid por vez primera en el Palacio del Buen Retiro allá por el año 1759.
Es una enorme satisfacción poder sentir y admirar entre las manos, piezas tan delicadas y que tanto trabajo ha llevado realizar.

Así entendemos ahora, que Aurelia aún viviendo sola no lo esté porque cada objeto de su gran casa  representa un trocito de su vida, de sus recuerdos. Y sus muñecos, agradecidos,  serán felices por siempre jamás de que ella los ame, los cuide, y los mime.
Gracias Aurelia por permitirnos entrar en tu vida para poderte conocer un poquito mejor.

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