REFLEXIONES SOBRE EL QUIJOTE Y OTRAS HIERBAS

Toma 1:                               ¡¡¡ Acción!!!

Aquí andaba yo conmigo mismo y mis introspecciones aprendiendo lo curiosa que es la vida y los giros que este mundo nuestro da sumergiéndonos en sus gélidas aguas. Y al final estamos en el punto de partida. Y así me encuentro ahora, sólo que con 66 añacos.

El Quijote, uno de los libros más universales que se hayan escrito, estudiado, analizado por montones de eruditos, pienso que en nuestro país no ha sido lo suficientemente hojeado –no digo ya leído entero- por los paisanos. En mi caso, y presumo de ello, debo manifestar que sí que lo leí completo a pesar de lo incómodo de su manejo y su peso (son 4,7 kg), por lo que tuve que usar un atril. Hay en el mercado volúmenes más ligeros pero el mío es así.

Dicho así, la cosa no reviste mayor importancia si no fuera porque el mundo sigue girando y mire usted por dónde, como de improviso, me encuentro con D. Antonio Mendoza Mendoza, autor del libro de investigación “El Regocijo de las Musas” y recuerden ustedes este nombre porque más adelante me referiré a él.  Esta frase –no es literal- es empleada por el autor en su obra en alguna ocasión.

Pero voy a los albores. Nací en la manchega localidad de Alcázar de San Juan (CR) y yo diría que por casualidad, aunque más bien fue por proximidad puesto que mi padre desempeñaba su profesión de ferroviario en la estación próxima de Cinco Casas así que cuando mamá se puso de parto, hubieron de desplazarse hasta Alcázar a esperar a la cigüeña.

Ya ha quedado dicho que papá era ferroviario y como consecuencia durante su vida laboral anduvimos de localidad en localidad, viviendo casi siempre en las estaciones cuando tenían vivienda habitable, bueno, digamos más o menos, ya que en unas no había luz ni agua y en otras teníamos luz, pero no agua. Y tales eran las cosas en la Renfe por aquella época, que por supuesto no había cuarto de aseo. Pero todo esto ya es otro cuento.

Otra estación que recuerdo puesto que ya tendría unos 5 años, fue la de Minateda (AB), que se encuentra al sur de Hellín (AB), localidad que vio nacer a mi hermano Carlos Enrique (q.e.p.d.) y por los mismos motivos que el que suscribe. Hellín es la ciudad más próxima a Minateda así que mamá, de nuevo, se montó en el tren y a alumbrar a Carlitos. Mari Ángeles y yo hemos podido visitar Minateda después de más de 50 años.

El siguiente traslado se produjo cuando cumplí los 7 años al ser destinado papá a La Villa de Don Fadrique (TO) estación ubicada en el ramal ferroviario que une Villacañas y Quintanar de la Orden. Que por cierto y como anécdota, papá tuvo que ‘pelearse’ bastante con la jefatura de zona para conseguir que nos hicieran en la vivienda de la estación un cuarto de aseo. ¡Todo un lujo!

El nuevo traslado llegó 9 años después, cuando se iba a producir el cierre de este ramal. Yo ya contaba con 16 añitos y el salto fue grande.

De nuevo con los enseres en un vagón aparecimos en Alcoy (A), ciudad que para la familia produjo una especie de trastorno mental, puesto que era una gran ciudad moderna, industrial y ¡hablaban otro idioma! El choque fue brutal. Y tenían autobuses urbanos. ¡Que lujazo, ché! Pero aquí estuvimos poco tiempo; algo más de 2 años.

El siguiente destino, Cartagena (MU), también nos supuso un importante impacto cultural. Tenía yo 18 años y papá ya me dejaba fumar. Aquí permanecí hasta poco antes de irme a la “mili” (que la hice entre Alicante, Cartagena y Paterna). En esta hermosa ciudad ya se produjo mi emancipación. Me fui a trabajar a Barcelona.

El periplo familiar, aunque aquí no termina,  ya no es tan relevante. Papá se jubila en Cartagena, Carlos se marcha a El Ferrol, yo estoy en Barcelona, así que las historias se van escribiendo en diferentes libros.

Bueno, ¿y a qué viene todo este rollo? ¡Ah, pues porque es mi rollo! Y éstas son las otras hierbas.

Los contactos de la familia que se mantuvieron vivos siempre fueron con amigos y conocidos de La Villa de Don Fadrique. Podrían pasar años sin vernos, pero todos llevábamos en nuestro corazón a aquella gente. Pero ya continuará el relato de esta pequeña aventura personal por mi vida en otro momento y cómo el mundo, la suerte, el destino, como lo queramos llamar, se confabula para alcanzar sus objetivos. Así que…ya hablamos en otro momento.

-¡Hasta luego Zumba Solo!

-¡Hasta luego Pepe, ya iremos hablando!

Miguel de Cervantes Saavedra

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