LICOR CALISAY

A principios de los años 70 nos conocimos. Y hace más de 35 años que no veo a mi amigo  Alberto. Buen amigo desde nuestros tiempos de soltería en Barcelona y nuestras escapadas nocturnas de las cuales, por no venir al caso, ahora no voy a hablar.

Recién casados ambos – cada uno con su mujer, claro- nos reuníamos los sábado en casa, alternando las semanas cada matrimonio. Cenábamos, escuchábamos (mejor, oíamos) música y teníamos nuestras charlas interminables de cualquier cosa de más o menos trascendencia – y sin ninguna trascendencia-, pero disfrutábamos de la mutua compañía hasta la salida del sol. Nuestra costumbre era que según la casa en la que se celebraran estos ágapes o dilatadas reuniones, el anfitrión debía de preparar una botella de brandy -¡qué leche brandy, coñac como decíamos antes- de la marca Magno y otra de licor Calisay.

Después de nuestras cenas familiares y sentados cómodamente en el sofá con nuestro café, nos arrimábamos a nuestra vera la botella respectiva. Y entre jajas y jijis, cuando se hacía de día, cada cual había dado cumplida cuenta de su botellita (de botellita nada, que eran de 75 cl. como ahora) y luego a dormir.

Siempre me había preguntado el por qué Alberto no llevaba la misma chispa que un servidor, salvando las distancias por el tipo de bebida y tal. Yo con un ciego del 10, mientras que él podría estar en la línea del 8 aproximadamente. Lo que no era óbice para los cantos regionales –principalmente jotas, dado el origen de mi amigo Alberto-, la exaltación de la amistad y, por supuesto, la pérdida de la verticalidad.

Dije ya al principio que hacía más de 35 años que no he sabido nada de él, pero fíjate tú –o sea yo- que ahora degustando una copita de Cantueso, me he acordado del famoso Calisay, la bebida preferida por Alberto. Y me ha dado por buscar en Internet con ayuda del Sr. Google, la palabra Calisay…

(Perdón, es que he tenido que pinchar en ‘Agregar al diccionario’ del Word, porque me lleva un ratito remarcando la palabra Calisay y me estaba sacando de quicio).

…y me dan más de 104.000 resultados en 0,40 segundos, ¡chúpate esa María Teresa! Esto si que es un Súper Héroe.

Y ahora, en 0,40 segundos, he aprendido que el Calisay de los años 60 tenía 16º. Lo que no he sabido en más de 35 años, ahora me acabo de enterar. ¡Claro, por eso Alberto tenía su intoxicación etílica en un par de niveles menor al mío! ¡Mi amado coñac Magno tenía 40º! Ahora tiene solamente 30º. Mira tu que cosas.

Después de la historia de Rumasa y sus vicisitudes, Garvey se queda con la marca y sube la graduación alcohólica a 30º. ¡Mira que bien! Aunque tengo que decir que, aparte de cambiar la etiqueta –dicen que para adaptarla a los nuevos tiempos-, ha cambiado su color, haciéndolo más transparente el vidrio y su contenido. Supongo, porque aún no lo sé, pero lo sabré, que su aroma y paladar no habrá sufrido ningún cambio. Prometo comentarlo cuando lo pruebe y sólo si conservo una mínima capacidad sicomotriz  para teclear.

La nueva botella y la antigua

El ‘coñac’ Magno

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