LA HUELLA DE LOS LIBROS

Leo todo lo que me cae en las manos. Leo de cualquier tema y lo selecciono de mi colección; de mis muchos libros. Y unas veces con más acierto que otras, pero por aquí ando en estos mundos de fantasía, de historias, de aventuras que me llenan los huecos del alma; que me hacen reflexionar, meditar, disfrutar y despertar la imaginación.

Si tuviera que nombrar toda la literatura que he podido ‘degustar’ se me quedarían por mencionar posiblemente decenas o cientos de libros. Por ello, no lo haré. Eso son cosas mías.

He comprado libros de autores menos conocidos y muy conocidos con títulos de gran tirada. Merecidos Premios que por los tiempos que corren han llegado a los lectores a la velocidad de la luz. La publicidad hace maravillas y nos inclina sin remisión a adquirir aquellos títulos galardonados o no, que nos recomiendan. Y también me he preocupado por comprar libros de escritoras jóvenes -las mujeres siempre son jóvenes-, tendencia que me ha premiado con grandes satisfacciones. Ellas escriben con una especial redacción, poética diría yo, en muchas ocasiones. Sutil, descriptiva, elegante, capaz de subyugarme hasta el punto y final. Ahora guardo muchos títulos de ellas de los que me siento muy orgulloso. Tendría más, pero iré poco a poco.

También he empezado a leer aquellos autores cuyos libros, editados hace muchos años -tantos como 50 o 60 años, incluso más- que en su día me llamaron la atención y pensando que debería tener, por si acaso, para leer algún día. Este ‘por si acaso’ no lo sabría definir, aunque, después del tiempo transcurrido desde su edición para estos libros y sobre todo para mí, el cambio experimentado me ha hecho ver y recibir sus mensajes con otros ojos. Por ello, he recuperado para mi solaz lectura, algunos autores guardados y un poco arrinconados, tales como T. Luca de Tena, Delibes, Gironella, Gorki, Soljenitsin, D. Morris, Nietzsche, S. Beckett, G. Papini, Tolstoi, I. Aldecoa, J.J. Rousseau, Balmes, L. Zilahy, B. Pérez Galdós y muchos, muchos más que me miran desde las estanterías esperando su turno para ser leídos o releídos.

El último que he acabado recientemente y cuyo regusto persiste en mi espíritu es Palabras y Sangre de Giovanni Papini. Unas espectaculares narraciones cortas inverosímiles, oníricas, fuera del espacio-tiempo que cuenta historias breves del hombre y su pequeñez en el mundo, su desorientación, impotencia, sueños inalcanzables, miserias de sus personajes anónimos de una sociedad de principios de siglo XX, que muy bien servirían para describir situaciones de cien años después.

De este mismo autor, quiero destacar títulos como Gog (1931) y su continuación, el Libro Negro publicado en 1951.

Bueno, pues ya ves Pepe (que soy yo mismo), hoy no te has podido resistir a escribir este post dedicado a algunos de tus antiguos libros. Esperemos que no sea de los últimos que escribes. Pues no, ya te lo anticipo a Tí (que también soy yo) y además, como anuncio, te diré qué libro será el sujeto de mis líneas: El Regocijo de las Musas de Antonio Mendoza Mendoza, que trata de … Pero ya te contaré moreno de mi copla.

“Lector, quienquiera que seas, desearía en este momento advertirte, cara a cara, los ojos en los ojos y la mano en la mano, y decirte en voz baja: ¿Crees que vives? ¿Que vives verdaderamente, profundamente, enteramente? ¿Te parece tu vida tan bella y grande como tal vez soñaste en las noches ardientes de la juventud? … … …”

Del libro que acabo de comentar de Giovanni Papini de una de las narraciones titulada “El hombre que no pudo ser emperador”

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