DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA A “LOS SANTOS INOCENTES”

A bote pronto me dan ganas de escribir cualquier cosa y esta tarde me dio por eso. Aunque no se por donde voy a salir.

Es extraño, cuanto menos sorprendente, como pierde la memoria esto que llamamos el ser humano. ¡Cómo vamos haciendo forma en nuestro sillón adaptando nuestras posaderas a la más confortable posición hasta conseguir el máximo relax para ver… el fútbol!  O algún programilla de la Cinco tan interesante mientras por nuestras narices pasan acontecimientos importantes que no vemos, o que no queremos ver. ¡A mí que no me metan en estos vericuetos! Dirán algunos.

Recordar tiempos pasados y difíciles para nuestra sociedad ya nos cuesta trabajo. Pero lo pasado, pasado está. Y la rueda de la vida va girando poco a poco volviendo a pasar por los mismos puntos que dejaron huella pero que no recordamos y los vaivenes de nuestra existencia vuelven a pisar los mismos charcos.

Ahora somos puros instrumentos –creo que algunos lo notamos- de la información de todo tipo y que ésta es mucha. Somos manejados como auténticas marionetas en manos muy expertas. Todo el bombardeo de noticias, en tertulias, ‘globos sonda’, televisiones, prensa, redes sociales, etc. están tan bien manipulados que si te dicen que la próxima generación nacerá con  alas, vas y te lo crees a pies juntillas. Por poner un ejemplo: personalmente me siento muy jodido cuando voy a un supermercado y se me olvida llevar mi propia bolsa y me parece que estoy cometiendo un sacrilegio. ¡Por mi culpa el planeta está pereciendo! O por llevar mi viejo coche de gasoil, ¡que poca consideración! Gastar ‘mucha’ agua que es un bien de todos o encender la calefacción en invierno –en verano el aire acondicionado- un ratito, los que tengan o puedan. ¡Hay que reciclar más, mucho más! Y así sucesivamente promoviendo o alertando de consecuencias de no cumplir con nuestro deber cívico. Y es porque a algunos grandes y orondos les interesa.

El pueblo de a pie no tenemos esa visión de futuro como la de aquellos que nos dirigen, aconsejan, tutelan, enseñan y… al final nos joden por algún agujerito.

Y en la política, más de lo mismo. El miedo al coco no nos deja dormir tranquilos. Necesitamos una mano amable que meza nuestra cuna para relajarnos. Porque si el coco viene de verdad, esto será un Apocalipsis. Y nos cuentan cada día un cuento. Y nos repiten hasta la saciedad que el que manda no vale pero nosotros (ellos) somos los mejores. Y nos dicen aquello de ‘donde dije digo, digo Diego’,¡Mecachis! Y así nosotros tan tranquilos en nuestro sillón con forma en el cojín. Y nos vuelven a pillar con las vergüenzas al aire.

Si esto, como se espera, sale adelante en nuestro país, tendremos que volver a votar (cosa para la que ya nos vestimos de fiesta) y el único poder que tenemos el pueblo es un papelito en el que depositaremos nuestros deseos que previamente ya nos han convencido de cuales deberían ser y que meteremos en un sobre y depositaremos, con total libertad, en una ranura de la urna.

Luego ya, si eso, cantamos aquello de…”Adiós salario mínimo, adiós…adiós pensiones dignas, adiós… adiós justicia social, adiós…” Y más y más, que aún falta porque música hay para largo.

Discúlpeme señor Delibes por utilizar el título de uno de sus magistrales libros en el titular del presente post, pero fíjese que no se por qué me vino a la mente que sería adecuado. Descanse en paz maestro.

Ahora perdónenme porque debo retirarme, creo que va a empezar un partidito de fútbol.

De la película “Los santos inocentes” adaptada al cine por Mario Camus del libro del mismo título de Miguel Delibes

COLECCIONISTA DE BOCAS Y UNA SONRISA CAUTIVADORA

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y no están desacertados. Pero yo digo que ‘una sonrisa expresa más que mil palabras’ y si además va acompañada de una mirada, ya es el acabose.

Me considero un coleccionista de “bocas”. Me gustan las bocas; me fijo en la boca de mis interlocutores más que en sus ojos. Y no puedo evitarlo aunque intento corregir este… ¿defecto? Y la mayoría de las veces no lo consigo.

Las bocas que me gustan son las de las mujeres; me gustan todas –unas más que otras, naturalmente- y me atraen con una fuerza irresistible. Mis ojos están pendientes durante una conversación, permanentemente de sus gestos, quiebros, de las sonrisas veladas o no, de sus silencios. Esto no viene de hace poco –por hacerme viejo sin remedio-, porque mis recuerdos se remontan hasta mi más tierna infancia. Recuerdo mucho más una boca que una cara o unos ojos. Ahora me podría poner a nombrar las propietarias de las bocas más encantadoras pero, ¿y las anónimas? Pues eso, que no serviría de mucho porque solamente las conocería yo o un entorno muy reducido. Vaya por delante que esta costumbre no se relaciona con la sexualidad, la sensualidad ni el fetichismo.

Pero…ahora viene el ‘pero’, explicaré el motivo por el que escribo este post y al que no me he podido resistir. Debo resaltar desde el principio, que a quien le gustan las bocas es a mí (y creo que habrá alguien más, espero) por lo que otras personas no compartirán mis opiniones. Pero el mundo es así de maravilloso.

Todos nos hartamos de ver anuncios en TV de todo tipo y máxime en fechas por las que atravesamos. Y me voy a referir a un anuncio y en especial a su protagonista. Se trata de la publicidad de Dolce & Gabbana de este año y su imagen promocional: Emilia Clarke. Esta actriz  inglesa de 32 años que hemos visto en Juego de Tronos interpretando a Daenerys Targaryen ha bordado el anuncio y me ha iluminado el espíritu con esa sonrisa. Y su mirada.


Bella donna

Cuando vi Juego de Tronos no me había impactado esta bella actriz tanto como en el anuncio al que me he referido y en el que interpreta en italiano la vieja canción de Caterina Valente “Cuando, cuando, cuando” del año 1962.

Una boca más. Para una portada.

Creo que me recuerda a alguien. ¿?

MUJERES AL PODER

Ahora voy a hablar de mujeres. Si, de mujeres de antaño y de hogaño. Y de mis experiencias, claro.

Hace mucho, mucho tiempo, en este bienamado país (y en otros) existía un poderoso señor que dominaba todos los territorios y hacía de ellos su particular coto de caza; y de pesca, de esparcimiento, de negocio dominando a todos aquellos seres vivientes que se movieran en sus límites. Su nombre hasta pronunciarlo en voz alta se hacía en los recónditos espacios en los que ellas se pudieran reunir. Le llaman ‘Machismo’ y a pesar de que en el amanecer de los tiempos ya era adulto, aún hoy vive entre nosotros, dentro de nosotros, negándose a morir y desaparecer, y se manifiesta abiertamente sin importarle el rechazo que su presencia produce en ciertos ambientes; repulsa que se muestra cada día más. Pero ahí anda, sinuoso elemento disfrazado de los más variopintos físicos. Varones de toda condición social y cultural.

Como ya soy viejo y muy usado quiero mentar lo que he venido diciendo desde hace muchísimo tiempo a mi círculo de amigos y conocidos próximo y en los que algunos de sus elementos escuchaban cabizbajos y otros mirando a otro lado. Comentaba que habría de llegar el día en que ‘ellas’ se igualarían en derechos y responsabilidades al hombre, ocuparían puestos relevantes, incorporándose a actividades reservadas sólo al ‘macho’. Y trabajarían fuera del hogar familiar con una independencia absoluta económica, sin ser tuteladas y compitiendo hombro con hombro con el rey de la creación. Y el hombre tendría miedo.

Desde el bachillerato, he tenido la oportunidad de sentarme con ellas en el mismo pupitre y cuando accedí al mercado laboral he trabajado con compañeras por lo que puedo –y quiero- hablar de mis experiencias.

En los tiempos de estudiante ya me daba cuenta de que, mientras nosotros los hombres, acabados los estudios de bachillerato y buscábamos acceder –los que podíamos- a alguna carrera superior o media, la mujer consideraba que ya había acabado su ciclo de formación. Hacía el ‘Servicio Social’ y ya estaban preparadas para el matrimonio. Para esto estaban educadas ellas. Y talentos que se quedaron en el camino en mi generación. Y antes, claro; y después también.

Ya en la vida laboral, contando sólo lo que he vivido, eran pulcras en el trabajo, educadas, intuitivas, inteligentes, colaboradoras y buenas compañeras. Y nosotros fuimos promocionando en el escalafón. Y ellas se iban quedando atrás. Más energías productivas y talentos desperdiciados en la cuneta. Así fui recorriendo mi propia historia hasta los años 2.000 en que se empieza a hablar de la igualdad –de la salarial seguimos igual, sin bañador al borde de la piscina- entre hombres y mujeres. Como he dicho, “se empieza a hablar” pero parece ser que estas conversaciones llevan su tiempo. Y ahí estamos, escuchando el tic-tac del reloj. Y el hombre tiene miedo.

Hoy en día, por reconocimiento o necesidad, muchas mujeres trabajan fuera del hogar. Y el hombre colabora algo en las faenas de casa. Va al supermercado, lleva o recoge a los niños del colegio, asiste a alguna reunión del APA, no a todas, pero lo de planchar o quitar el polvo, eso ya…eso ya no sabe hacerlo. Pero esta aprendiendo. Y el hombre está alarmado.

Nosotros siempre hemos ido con amigos a donde nos ha dado la gana. A pescar, a cazar, a la peña, a la partida, a echar unas cañas después del trabajo, en fin, a cualquier actividad real o inventada. Y no pasa nada. También tenemos derecho. ¡Ah amigo cuando la mujer tiene sus propios compromisos! “Fulanito, hoy no vengo a comer, tengo un compromiso”. “Menganito, después del trabajo voy a tomar unas copas que Mari X celebra su cumpleaños. No me esperes a cenar”. “Perengano, mañana voy a ciudad Capital con Fulano a cerrar una operación. No sé cuando vendré”. Y al hombre ya le chorrea una masa viscosa por la pernera del pantalón.

Según reza el refrán: ‘Piensa el ladrón que todos son de su condición’, y lo admitimos como verdad verdadera. Pero ni todos los ‘ladrones’ son iguales ni ellas se merecen que sospechemos por todo. Solamente ejercen su derecho. Nosotros lo hemos hecho toda la vida, así que lo mejor es cambiar el chip urgentemente o de lo contrario comprar ingentes cantidades de “dodotis”.

Bienvenidas mujeres a la nueva época, pero no bajéis la guardia, estáis ganando batallas pero aún no habéis ganado la guerra. Un beso enorme.

LICOR CALISAY

A principios de los años 70 nos conocimos. Y hace más de 35 años que no veo a mi amigo  Alberto. Buen amigo desde nuestros tiempos de soltería en Barcelona y nuestras escapadas nocturnas de las cuales, por no venir al caso, ahora no voy a hablar.

Recién casados ambos – cada uno con su mujer, claro- nos reuníamos los sábado en casa, alternando las semanas cada matrimonio. Cenábamos, escuchábamos (mejor, oíamos) música y teníamos nuestras charlas interminables de cualquier cosa de más o menos trascendencia – y sin ninguna trascendencia-, pero disfrutábamos de la mutua compañía hasta la salida del sol. Nuestra costumbre era que según la casa en la que se celebraran estos ágapes o dilatadas reuniones, el anfitrión debía de preparar una botella de brandy -¡qué leche brandy, coñac como decíamos antes- de la marca Magno y otra de licor Calisay.

Después de nuestras cenas familiares y sentados cómodamente en el sofá con nuestro café, nos arrimábamos a nuestra vera la botella respectiva. Y entre jajas y jijis, cuando se hacía de día, cada cual había dado cumplida cuenta de su botellita (de botellita nada, que eran de 75 cl. como ahora) y luego a dormir.

Siempre me había preguntado el por qué Alberto no llevaba la misma chispa que un servidor, salvando las distancias por el tipo de bebida y tal. Yo con un ciego del 10, mientras que él podría estar en la línea del 8 aproximadamente. Lo que no era óbice para los cantos regionales –principalmente jotas, dado el origen de mi amigo Alberto-, la exaltación de la amistad y, por supuesto, la pérdida de la verticalidad.

Dije ya al principio que hacía más de 35 años que no he sabido nada de él, pero fíjate tú –o sea yo- que ahora degustando una copita de Cantueso, me he acordado del famoso Calisay, la bebida preferida por Alberto. Y me ha dado por buscar en Internet con ayuda del Sr. Google, la palabra Calisay…

(Perdón, es que he tenido que pinchar en ‘Agregar al diccionario’ del Word, porque me lleva un ratito remarcando la palabra Calisay y me estaba sacando de quicio).

…y me dan más de 104.000 resultados en 0,40 segundos, ¡chúpate esa María Teresa! Esto si que es un Súper Héroe.

Y ahora, en 0,40 segundos, he aprendido que el Calisay de los años 60 tenía 16º. Lo que no he sabido en más de 35 años, ahora me acabo de enterar. ¡Claro, por eso Alberto tenía su intoxicación etílica en un par de niveles menor al mío! ¡Mi amado coñac Magno tenía 40º! Ahora tiene solamente 30º. Mira tu que cosas.

Después de la historia de Rumasa y sus vicisitudes, Garvey se queda con la marca y sube la graduación alcohólica a 30º. ¡Mira que bien! Aunque tengo que decir que, aparte de cambiar la etiqueta –dicen que para adaptarla a los nuevos tiempos-, ha cambiado su color, haciéndolo más transparente el vidrio y su contenido. Supongo, porque aún no lo sé, pero lo sabré, que su aroma y paladar no habrá sufrido ningún cambio. Prometo comentarlo cuando lo pruebe y sólo si conservo una mínima capacidad sicomotriz  para teclear.

La nueva botella y la antigua

El ‘coñac’ Magno

ENTRE PINCELES, HIERRO Y MADERA.

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Petri con Mª Ángeles

Vicente y Petri son este mes de agosto, nuestros caseros. Tuvieron la amabilidad de alquilarnos esta gran casa y en la que nos sentimos como en propia. Y por esta razón, nos enteramos en conversaciones de café de las habilidades del matrimonio. Comenzaremos hablando de Petri que nos ha invitado a visitar su morada.

La vivienda es enorme y que ya de por sí, tiene muchas cosas para ser admirada. Pero esto se comentará al final, porque Petri, como dama, tiene preferencia. Y a ello vamos.

Esta señora ama de casa, pinta; pero no es que ‘pinte’ –en sentido figurado-, en esta historia, es que pinta (lo iba a poner en mayúsculas) cuadros. Cuadros que, sin buscar ninguna expresión admirativa rimbombante, son ‘¡tela!’. Lleva muchos años entre pinceles y colores y los motivos de sus lienzos son variados.

Tiene hermosísimos bodegones, relajantes paisajes, retratos exquisitos, y que cada nuevo motivo que encontramos sobre la pared, nos arranca un “¡oh!” como si contemplásemos una gran traca en el momento álgido del espectáculo.

Y ella tan tranquila. Nos explica cosas sobre sus trabajos, los premios obtenidos, pero como si no fuera la autora; como si fuera la guía de un museo y estuviera cumpliendo con su obligación.

Durante el recorrido desvía nuestra atención hacia fotos familiares, en especial y como es natural, de sus hijos.

Y sin dejar de escucharla, yo sigo haciendo fotos a diestra y siniestra con el móvil, intentando llevarme a casa tanta belleza y sensibilidad. Ahora tengo que ver como voy a ‘colgar’ en el blog tanta maravilla sin desmerecer las obras o su imagen pierda calidad.

Tengo que pensar.

Te toca Vicente: Tu habilidad está por encima de cualquier juicio  de valor que se intente. Y no lo vamos a intentar. Fíjate que ni tan siquiera hemos fotografiado tus trabajos. Pero no es por nada en especial; es que requieren un monográfico. Trabajas con la madera y el hierro como el que riega el jardín de su casa. Hemos visto las rejas de las ventanas rematadas con las cabezas de los tirafondos de las traviesas de las desaparecidas vías del tren. Sólidas y hermosas. Los farolillos colgados por el patio y el candil al inicio de la escalera y que son una maravilla. El banco del patio o la mesa del garaje. En todo se ve que la soldadura la manejas de fábula. Y en madera, las cosas que fabricas deben ser para que las admiren también las futuras generaciones. Ese brocal del aljibe, una mesa de pícnic, las puertas del garaje y más que ahora mismo no recuerdo. Eres un auténtico maestro digno de admiración.

En fin, que ha sido muy grata la mañana visitando tu casa. Lástima que no hayas podido estar con nosotros por razones de trabajo, porque hubiese  sido magnífico el escucharte el relato de la manufactura de lo que acabo de referir.

Solo queda que os agradezcamos, queridos (como se dice aquí en el pueblo), vuestra gentileza, amabilidad y vuestra confianza al permitirnos ocupar vuestra casa por todo un mes. Gracias, gracias y gracias.

LAS MANOS DE LUCHY

De dcha. a  izqd: Luchy, Pepe y Mª Ángeles

Pequeñas manos que tienen alma propia. Que hacen magia. Decía el viejo barbudo matemático griego llamado Arquímedes:”Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, frase que ha quedado para la posteridad para enseñarnos que no hay nada imposible, o casi nada. Y Luchy hemos visto que es de esas personas; persona que no se rinden ante las dificultades, que juegan arriesgando,  que creen en lo que hacen y terminan luciendo como una bella estrella en el firmamento. Autodidacta que  habla a sus manos para comunicarle a sus obras que tienen alma propia y que solamente es cuestión de enseñarles como mostrarse. Solamente.

Así nos explica como realiza sus trabajos sobre la madera, solicitándole a la pieza en bruto que se asome tal como Luchy desea. Y así, obedientemente, como si de un ser vivo se tratara, y después acariciar con sus manos la madera, resulta que ésa intuición primigenia  se muestra como una verdadera obra de arte. Es la virtud del artista. Y nos quedamos boquiabiertos.

Le comentamos que la confección de estas obras tiene que ser un arduo trabajo y ella nos responde que “bueno, hay que mirar dentro del tronco de madera y ver lo que deseas extraer”. Y el resultado es una Virgen de 80 cms. de altura en la que nos maravillan cada uno de los detalles; sus ojos, su pelo, sus manos y esos magníficos pliegues de sus vestiduras que parecen mecidos por un imperceptible y suave viento.

Y su Cristo en la cruz, su Cruzado descasando sobre su espada, entre otros muchos. El Escudo de armas que se sale de la madera diciéndonos “aquí estoy yo porque Luchy me ha dado vida”.

Y nos empieza a contar más cosas, y nosotros comenzamos a empequeñecer progresivamente. Nos enseña sus ‘moñas’ que son adornos de madera tallada que se colocan sobre el respaldo de las denominadas ‘bancas’, asientos, normalmente para 3 personas, muy antiguos y típicos de  las regiones de Castilla-La Mancha. Y las restauraciones de mesas, sillas, sillones, armarios, baúles y un dilatado y variopinto etcétera, del que cuando nos cuenta su origen hasta nos costaría creer que pudieran convertirse en piezas de tal belleza.

Gracias Luchy por abrirnos las puertas de tu casa para ver tanta belleza ‘fabricada’ por tus hábiles manos, por dejarnos emocionarnos con tanta maravilla, por hablarnos de todo ello con tanta sencillez y ese brillo en tus azules ojos que expresan la satisfacción del artista por la obra bien realizada. Tu acogedora casa es un museo que emociona el alma y los sentidos.

Gracias mil.

TOMA UN CIGARRILLO

Esto fue publicado en mayo del 2016 en mi facebook, pero me apetece un montón ponerlo aquí. Creo que muchos de los fumadores (especie en extinción, ya lo sé) se han encontrado alguna vez en alguno de estos casos. ¿Dónde quedan los tiempos en los que ofrecías el paquete para que el invitado eligiera? O aquellos que abrían el paquete de tabaco al revés para no tocar el filtro.  ¡Cómo hemos cambiado!