MUJERES AL PODER

Ahora voy a hablar de mujeres. Si, de mujeres de antaño y de hogaño. Y de mis experiencias, claro.

Hace mucho, mucho tiempo, en este bienamado país (y en otros) existía un poderoso señor que dominaba todos los territorios y hacía de ellos su particular coto de caza; y de pesca, de esparcimiento, de negocio dominando a todos aquellos seres vivientes que se movieran en sus límites. Su nombre hasta pronunciarlo en voz alta se hacía en los recónditos espacios en los que ellas se pudieran reunir. Le llaman ‘Machismo’ y a pesar de que en el amanecer de los tiempos ya era adulto, aún hoy vive entre nosotros, dentro de nosotros, negándose a morir y desaparecer, y se manifiesta abiertamente sin importarle el rechazo que su presencia produce en ciertos ambientes; repulsa que se muestra cada día más. Pero ahí anda, sinuoso elemento disfrazado de los más variopintos físicos. Varones de toda condición social y cultural.

Como ya soy viejo y muy usado quiero mentar lo que he venido diciendo desde hace muchísimo tiempo a mi círculo de amigos y conocidos próximo y en los que algunos de sus elementos escuchaban cabizbajos y otros mirando a otro lado. Comentaba que habría de llegar el día en que ‘ellas’ se igualarían en derechos y responsabilidades al hombre, ocuparían puestos relevantes, incorporándose a actividades reservadas sólo al ‘macho’. Y trabajarían fuera del hogar familiar con una independencia absoluta económica, sin ser tuteladas y compitiendo hombro con hombro con el rey de la creación. Y el hombre tendría miedo.

Desde el bachillerato, he tenido la oportunidad de sentarme con ellas en el mismo pupitre y cuando accedí al mercado laboral he trabajado con compañeras por lo que puedo –y quiero- hablar de mis experiencias.

En los tiempos de estudiante ya me daba cuenta de que, mientras nosotros los hombres, acabados los estudios de bachillerato y buscábamos acceder –los que podíamos- a alguna carrera superior o media, la mujer consideraba que ya había acabado su ciclo de formación. Hacía el ‘Servicio Social’ y ya estaban preparadas para el matrimonio. Para esto estaban educadas ellas. Y talentos que se quedaron en el camino en mi generación. Y antes, claro; y después también.

Ya en la vida laboral, contando sólo lo que he vivido, eran pulcras en el trabajo, educadas, intuitivas, inteligentes, colaboradoras y buenas compañeras. Y nosotros fuimos promocionando en el escalafón. Y ellas se iban quedando atrás. Más energías productivas y talentos desperdiciados en la cuneta. Así fui recorriendo mi propia historia hasta los años 2.000 en que se empieza a hablar de la igualdad –de la salarial seguimos igual, sin bañador al borde de la piscina- entre hombres y mujeres. Como he dicho, “se empieza a hablar” pero parece ser que estas conversaciones llevan su tiempo. Y ahí estamos, escuchando el tic-tac del reloj. Y el hombre tiene miedo.

Hoy en día, por reconocimiento o necesidad, muchas mujeres trabajan fuera del hogar. Y el hombre colabora algo en las faenas de casa. Va al supermercado, lleva o recoge a los niños del colegio, asiste a alguna reunión del APA, no a todas, pero lo de planchar o quitar el polvo, eso ya…eso ya no sabe hacerlo. Pero esta aprendiendo. Y el hombre está alarmado.

Nosotros siempre hemos ido con amigos a donde nos ha dado la gana. A pescar, a cazar, a la peña, a la partida, a echar unas cañas después del trabajo, en fin, a cualquier actividad real o inventada. Y no pasa nada. También tenemos derecho. ¡Ah amigo cuando la mujer tiene sus propios compromisos! “Fulanito, hoy no vengo a comer, tengo un compromiso”. “Menganito, después del trabajo voy a tomar unas copas que Mari X celebra su cumpleaños. No me esperes a cenar”. “Perengano, mañana voy a ciudad Capital con Fulano a cerrar una operación. No sé cuando vendré”. Y al hombre ya le chorrea una masa viscosa por la pernera del pantalón.

Según reza el refrán: ‘Piensa el ladrón que todos son de su condición’, y lo admitimos como verdad verdadera. Pero ni todos los ‘ladrones’ son iguales ni ellas se merecen que sospechemos por todo. Solamente ejercen su derecho. Nosotros lo hemos hecho toda la vida, así que lo mejor es cambiar el chip urgentemente o de lo contrario comprar ingentes cantidades de “dodotis”.

Bienvenidas mujeres a la nueva época, pero no bajéis la guardia, estáis ganando batallas pero aún no habéis ganado la guerra. Un beso enorme.

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LICOR CALISAY

A principios de los años 70 nos conocimos. Y hace más de 35 años que no veo a mi amigo  Alberto. Buen amigo desde nuestros tiempos de soltería en Barcelona y nuestras escapadas nocturnas de las cuales, por no venir al caso, ahora no voy a hablar.

Recién casados ambos – cada uno con su mujer, claro- nos reuníamos los sábado en casa, alternando las semanas cada matrimonio. Cenábamos, escuchábamos (mejor, oíamos) música y teníamos nuestras charlas interminables de cualquier cosa de más o menos trascendencia – y sin ninguna trascendencia-, pero disfrutábamos de la mutua compañía hasta la salida del sol. Nuestra costumbre era que según la casa en la que se celebraran estos ágapes o dilatadas reuniones, el anfitrión debía de preparar una botella de brandy -¡qué leche brandy, coñac como decíamos antes- de la marca Magno y otra de licor Calisay.

Después de nuestras cenas familiares y sentados cómodamente en el sofá con nuestro café, nos arrimábamos a nuestra vera la botella respectiva. Y entre jajas y jijis, cuando se hacía de día, cada cual había dado cumplida cuenta de su botellita (de botellita nada, que eran de 75 cl. como ahora) y luego a dormir.

Siempre me había preguntado el por qué Alberto no llevaba la misma chispa que un servidor, salvando las distancias por el tipo de bebida y tal. Yo con un ciego del 10, mientras que él podría estar en la línea del 8 aproximadamente. Lo que no era óbice para los cantos regionales –principalmente jotas, dado el origen de mi amigo Alberto-, la exaltación de la amistad y, por supuesto, la pérdida de la verticalidad.

Dije ya al principio que hacía más de 35 años que no he sabido nada de él, pero fíjate tú –o sea yo- que ahora degustando una copita de Cantueso, me he acordado del famoso Calisay, la bebida preferida por Alberto. Y me ha dado por buscar en Internet con ayuda del Sr. Google, la palabra Calisay…

(Perdón, es que he tenido que pinchar en ‘Agregar al diccionario’ del Word, porque me lleva un ratito remarcando la palabra Calisay y me estaba sacando de quicio).

…y me dan más de 104.000 resultados en 0,40 segundos, ¡chúpate esa María Teresa! Esto si que es un Súper Héroe.

Y ahora, en 0,40 segundos, he aprendido que el Calisay de los años 60 tenía 16º. Lo que no he sabido en más de 35 años, ahora me acabo de enterar. ¡Claro, por eso Alberto tenía su intoxicación etílica en un par de niveles menor al mío! ¡Mi amado coñac Magno tenía 40º! Ahora tiene solamente 30º. Mira tu que cosas.

Después de la historia de Rumasa y sus vicisitudes, Garvey se queda con la marca y sube la graduación alcohólica a 30º. ¡Mira que bien! Aunque tengo que decir que, aparte de cambiar la etiqueta –dicen que para adaptarla a los nuevos tiempos-, ha cambiado su color, haciéndolo más transparente el vidrio y su contenido. Supongo, porque aún no lo sé, pero lo sabré, que su aroma y paladar no habrá sufrido ningún cambio. Prometo comentarlo cuando lo pruebe y sólo si conservo una mínima capacidad sicomotriz  para teclear.

La nueva botella y la antigua

El ‘coñac’ Magno

ENTRE PINCELES, HIERRO Y MADERA.

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Petri con Mª Ángeles

Vicente y Petri son este mes de agosto, nuestros caseros. Tuvieron la amabilidad de alquilarnos esta gran casa y en la que nos sentimos como en propia. Y por esta razón, nos enteramos en conversaciones de café de las habilidades del matrimonio. Comenzaremos hablando de Petri que nos ha invitado a visitar su morada.

La vivienda es enorme y que ya de por sí, tiene muchas cosas para ser admirada. Pero esto se comentará al final, porque Petri, como dama, tiene preferencia. Y a ello vamos.

Esta señora ama de casa, pinta; pero no es que ‘pinte’ –en sentido figurado-, en esta historia, es que pinta (lo iba a poner en mayúsculas) cuadros. Cuadros que, sin buscar ninguna expresión admirativa rimbombante, son ‘¡tela!’. Lleva muchos años entre pinceles y colores y los motivos de sus lienzos son variados.

Tiene hermosísimos bodegones, relajantes paisajes, retratos exquisitos, y que cada nuevo motivo que encontramos sobre la pared, nos arranca un “¡oh!” como si contemplásemos una gran traca en el momento álgido del espectáculo.

Y ella tan tranquila. Nos explica cosas sobre sus trabajos, los premios obtenidos, pero como si no fuera la autora; como si fuera la guía de un museo y estuviera cumpliendo con su obligación.

Durante el recorrido desvía nuestra atención hacia fotos familiares, en especial y como es natural, de sus hijos.

Y sin dejar de escucharla, yo sigo haciendo fotos a diestra y siniestra con el móvil, intentando llevarme a casa tanta belleza y sensibilidad. Ahora tengo que ver como voy a ‘colgar’ en el blog tanta maravilla sin desmerecer las obras o su imagen pierda calidad.

Tengo que pensar.

Te toca Vicente: Tu habilidad está por encima de cualquier juicio  de valor que se intente. Y no lo vamos a intentar. Fíjate que ni tan siquiera hemos fotografiado tus trabajos. Pero no es por nada en especial; es que requieren un monográfico. Trabajas con la madera y el hierro como el que riega el jardín de su casa. Hemos visto las rejas de las ventanas rematadas con las cabezas de los tirafondos de las traviesas de las desaparecidas vías del tren. Sólidas y hermosas. Los farolillos colgados por el patio y el candil al inicio de la escalera y que son una maravilla. El banco del patio o la mesa del garaje. En todo se ve que la soldadura la manejas de fábula. Y en madera, las cosas que fabricas deben ser para que las admiren también las futuras generaciones. Ese brocal del aljibe, una mesa de pícnic, las puertas del garaje y más que ahora mismo no recuerdo. Eres un auténtico maestro digno de admiración.

En fin, que ha sido muy grata la mañana visitando tu casa. Lástima que no hayas podido estar con nosotros por razones de trabajo, porque hubiese  sido magnífico el escucharte el relato de la manufactura de lo que acabo de referir.

Solo queda que os agradezcamos, queridos (como se dice aquí en el pueblo), vuestra gentileza, amabilidad y vuestra confianza al permitirnos ocupar vuestra casa por todo un mes. Gracias, gracias y gracias.

LAS MANOS DE LUCHY

De dcha. a  izqd: Luchy, Pepe y Mª Ángeles

Pequeñas manos que tienen alma propia. Que hacen magia. Decía el viejo barbudo matemático griego llamado Arquímedes:”Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, frase que ha quedado para la posteridad para enseñarnos que no hay nada imposible, o casi nada. Y Luchy hemos visto que es de esas personas; persona que no se rinden ante las dificultades, que juegan arriesgando,  que creen en lo que hacen y terminan luciendo como una bella estrella en el firmamento. Autodidacta que  habla a sus manos para comunicarle a sus obras que tienen alma propia y que solamente es cuestión de enseñarles como mostrarse. Solamente.

Así nos explica como realiza sus trabajos sobre la madera, solicitándole a la pieza en bruto que se asome tal como Luchy desea. Y así, obedientemente, como si de un ser vivo se tratara, y después acariciar con sus manos la madera, resulta que ésa intuición primigenia  se muestra como una verdadera obra de arte. Es la virtud del artista. Y nos quedamos boquiabiertos.

Le comentamos que la confección de estas obras tiene que ser un arduo trabajo y ella nos responde que “bueno, hay que mirar dentro del tronco de madera y ver lo que deseas extraer”. Y el resultado es una Virgen de 80 cms. de altura en la que nos maravillan cada uno de los detalles; sus ojos, su pelo, sus manos y esos magníficos pliegues de sus vestiduras que parecen mecidos por un imperceptible y suave viento.

Y su Cristo en la cruz, su Cruzado descasando sobre su espada, entre otros muchos. El Escudo de armas que se sale de la madera diciéndonos “aquí estoy yo porque Luchy me ha dado vida”.

Y nos empieza a contar más cosas, y nosotros comenzamos a empequeñecer progresivamente. Nos enseña sus ‘moñas’ que son adornos de madera tallada que se colocan sobre el respaldo de las denominadas ‘bancas’, asientos, normalmente para 3 personas, muy antiguos y típicos de  las regiones de Castilla-La Mancha. Y las restauraciones de mesas, sillas, sillones, armarios, baúles y un dilatado y variopinto etcétera, del que cuando nos cuenta su origen hasta nos costaría creer que pudieran convertirse en piezas de tal belleza.

Gracias Luchy por abrirnos las puertas de tu casa para ver tanta belleza ‘fabricada’ por tus hábiles manos, por dejarnos emocionarnos con tanta maravilla, por hablarnos de todo ello con tanta sencillez y ese brillo en tus azules ojos que expresan la satisfacción del artista por la obra bien realizada. Tu acogedora casa es un museo que emociona el alma y los sentidos.

Gracias mil.

TOMA UN CIGARRILLO

Esto fue publicado en mayo del 2016 en mi facebook, pero me apetece un montón ponerlo aquí. Creo que muchos de los fumadores (especie en extinción, ya lo sé) se han encontrado alguna vez en alguno de estos casos. ¿Dónde quedan los tiempos en los que ofrecías el paquete para que el invitado eligiera? O aquellos que abrían el paquete de tabaco al revés para no tocar el filtro.  ¡Cómo hemos cambiado!

OTRA INJUSTICIA MÁS: CASSANDRA VERA

Hacía mucho tiempo que no escribía en el blog porque a pesar de la tentación por alguna noticia o motivo en concreto, siempre aparecía alguien que posteaba por algún sitio y con el que me encontraba en sintonía. Así que para qué molestarse.

Pero con este caso de Cassandra Vera que ha sido sentenciada por un juez a 1 año de cárcel, con las consecuencias que esta pena traerá a la joven cuyas perspectivas de futuro han sido segadas bajo sus pies de un solo tajo. Y se han quedado tan tranquilos. Y dormirán todas las noche.

Presentar por el señor fiscal una niñería como un delito de enaltecimiento del terrorismo es poco menos que una auténtica aberración.

Algunos que ya tenemos una edad (o mucha edad) y que nos hemos comido la famosa ‘mili’ y que para rizar el rizo, nos ha tocado la época del atentado de Carrero Blanco y por si fuera poco, sirviendo en un batallón de los llamado entonces “de intervención inmediata” que nos armaron hasta los dientes con pistola al cinto (suboficiales para arriba) y el consabido Cetme  más dos cargadores y un chorro de órdenes de hacer fuego ante cualquier contingencia. Durante tres días de alerta máxima y dormir con las botas puestas y la ‘novia’ –así llamábamos al cetme- al lado, ya vimos nacer los primeros chistes. Y es que la imaginación española es rápida de acción y aguda como un dardo; y se extendieron como la pólvora en corrillos de amigos y reuniones familiares, recorriendo la geografía de punta a punta. Y doy fe de que en aquellos tiempos las noticias no corrían como ahora. Pero corrían mucho.

Estábamos en la carrera por el predominio del espacio. En España las cosas parecían que querían cambiar. Los partidos de izquierdas empezaban a mostrar el sombrero con una caña (lo de la caña es por si se escapaba algún tiro), pero ya lo enseñaban. Los sindicatos empezaron su pujanza sorteándose al obrero. Y circulaban los chistes de Carrero Blanco. Del Almirante astronauta y de aquel señor bajito con bigote al que tanto amaba el pueblo. Y no pasó nada. Hasta Tip y Coll aprovecharon el tirón mediático para esparcimiento popular.

Ahora, después de 44 años, viene un fiscal (iba a escribir a continuación ‘de los cojones’, pero no lo hago) con no se qué argumentos para que el señor juez (juez = señor que imparte justicia. En algunos casos) condene a una joven a 1 año de cárcel –que no va a ir- y a las consecuencias que eso conlleva. Ficha policial, antecedentes penales, sin acceso a becas estatales, limitación de acceso a ciertas profesiones y morro torcido de muchas ventanillas a las que se pueda acercar.

¡Después de 44 años! Incluso cuando hay declaraciones de los descendientes del Almirante que han manifestado que no se sienten ofendidos. ¡Pero en qué país vivimos!

España ya ha llorado durante muchísimos años las consecuencias del terrorismo. Ha sentido como propias a las victimas y el dolor no tiene colores. Ahora dejemos ya de comparar este hecho concreto con enaltecimiento del terrorismo. Tenemos otros problemas más importantes y entre ellos la necesidad de que la justicia se imparta como toca: con equidad. Que ya estamos hasta el moño de tanto mangante sin memoria, tanta ‘justicia’ tendenciosa, tanto fiscal sin norte o medio abogado defensor, jueces con etiqueta de P.V.P. y gobierno manipulador, abrigo de sinvergüenzas y de indultos ‘especiales’.

Ya está bien señores y señorías, ¡ya está bien!

 

 

REFLEXIONES DE UN MELOCOTÓN

Yo soy un melocotón. Podría ser una naranja, un plátano o un guisante. Podría haber nacido cualquier fruta, legumbre, verdura, cereal o hierba. Pero soy un melocotón y… soñé que en otro estado, más lisonjero me vi. No iban por ahí los tiros, no.

Tener una crisis existencial no es privilegio de vosotros los humanos. De eso, nada. Tenemos nuestro corazoncito y reflexionamos sobre nuestra vida; nuestros orígenes y nuestro futuro. Vosotros humanos teníais a Darwin, pero  ¿y nosotros? ¿Al señor Patata? Vosotros sois la especie humana, los mandamases; y tenéis piernas para desplazaros, boca para comunicaros –otra cosa es que os entendáis- y manos para meterlas donde no os llaman. Vuestro origen está claro (o no). Vuestros antecesores salieron de África y poblaron el mundo. No se si en los orígenes fueron negros y con el tiempo se decoloraron; o nacieron blancos y con los años derivaron hacia diferentes colores. Esto tampoco lo sabéis vosotros.

Pero, ¿y yo? Si, si, ya se, bla, bla, bla,… las algas marinas, y tal y tal. Y de ahí a más de cuatrocientas mil especies. ¡Y todavía se están descubriendo nuevas! Ya, y vosotros, la humana, una sola especie. No quiero contar, por supuesto, a los animales, insectos y demás, puesto que de esos hay casi  dos millones. Así que ¡chúpate esa! Ganamos por goleada.

Como melocotón que soy, la verdad es que no me puedo documentar. Solo puedo imaginar, esto si. Y como no es pecado ya que no sabemos lo que es eso puesto que no tenemos religión, me permito imaginar qué pensarían los humanos cuando vieron por primera vez a un antepasado mío. ¿Será una bola para cazar? Esto casi seguro que fue lo primero. Luego lo olerían, lo abrirían y si se atrevieron, lo probarían. No era venenoso. Y estaba muy bueno. ¿Y el melón?  No jugarían al rugby porque no estaba inventando. O las pruebas del garbanzo que seguro se llevaron por delante la dentadura de más de uno. ¿Y los llantos con la cebolla? Para verlo. O el plátano: ¿lo pelo o no lo pelo? Y así sucesivamente. Pero en el fondo, lo más importante es la enorme variedad de especies vegetales que existen. Lo que pasa es que os lo tuvieron que poner bien fácil para que cuando llegara la especie reina, vosotros, tuvierais alimentos con muchas propiedades aparte de las proteínas que os proporcionaba la caza en la cual tampoco erais muy diestros. Os esmerabais, eso si.

Y parece ser que hemos salido ambas especies del mismo sitio: del mar. ¡Tiene la cosa vainas! Nosotros de un alga y vosotros de un pez. Nosotros hemos evolucionado hasta convertirnos en miles de especies. Miles de colores, sabores y formas. Y vosotros ¿qué hacéis? Unos cuantos colores, piernas y brazos y a fastidiar al personal. Parecéis el caballo de Atila. No hay derecho – que nosotros no sabemos lo que es esto, pero vosotros siempre estáis recurriendo a la frase-.

Hay que ver lo que hace la naturaleza si la dejas en paz. Al final un montón de especies animales y en la cima vosotros, animales. Nosotros, inmóviles, sujetos a la madre tierra, esperando a ser recolectados y a la saca.

Pero a veces pienso que tuvo que haber algún antecesor nuestro que ejerció de eslabón (como el que vosotros tenéis perdido) para multiplicar y poblar la Tierra de tal variedad de vegetales.

Y del futuro no puedo hablar mucho. Primero porque con los bocados que me estas dando no voy a durar mucho y en segundo lugar porque ya os creéis con derecho a manipularnos, transformarnos modificando nuestros genes para parecer lo que no somos o ser lo que no parecemos (¡uy! que lío). El caso es que nos estáis tocando la fibra –y no la sensible- y nos estáis molestando mucho. Puede que algún día nos enfademos.

¡A ver que vas a hacer con mi hueso! ¡Plántalo!

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