CUANDO DESCUBRAMOS EL FUTURO.

Escribo desde el día número 37 del confinamiento por la pandemia del Codiv19 que nos ha caído encima a todo el mundo. Y quiero expresar mi sentimientos ante esta situación y cómo se han ido pasando los días, con el consiguiente cambio de mi carácter. El de M. Ángeles no lo noto diferente, pero ella ha sido siempre de una voluntad férrea y parece que no le afectara tanto como a mí. O no lo demuestra.

Nosotros empezamos el 13 de marzo, viernes, tres días antes de que entrara en vigor el Confinamiento decretado por el gobierno. Debo anticipar que siempre he pensado que como en casa no se está en ningún lado por lo que la perspectiva no me asustaba en absoluto; hasta me parecía una buena experiencia y veía la posibilidad de aprovechar el tiempo en la lectura, en la reestructuración de la librería, en limpiar de papeles y enredos que han ido quedando olvidados sobre la mesa del despacho y hacer una especie de diario –que empecé cuando pasaban trece días de cuarentena- en el que anotar el desarrollo de la pandemia y alguna tontada sin mayor importancia, sólo por tener alguna referencia histórica para dentro de ni se sabe los años, para aquellos que estén aún por este mundo.

Cuando empezó la cosa creo que nosotros nos lo tomamos –al menos yo, claro-como una especie de aventura. Ahora tendríamos tiempo de hacer muchas cosas  o ninguna, tal y como nuestra voluntad determinara. De momento ya ni me afeito. Y así funcionábamos cada día; comenzamos la ruta de los bares evocando aquellos tiempos de recién casados cuando no había un duro ni para tomar un café, allá en L’Hospitalet de Llobregat en el pisito lúgubre que teníamos alquilado (el 60% del sueldo se lo llevaba el alquiler). A mediodía hacíamos la presentación del plato del día, fotografiábamos y colgábamos, acompañada de una breve historia en el Facebook. Publicaba también en este medio, los libros que devoraba cada dos o tres días. Así que, entre estos temas y los trabajos caseros, se pasaban los días sin especiales novedades pero al menos, amenos. M. Ángeles elabora diversos postres o dulces que me llevan por el camino de la dulzura.

Pero, -ya estamos con los peros- desde hace tres o cuatro días ya no publico nada de los platos de la comida, ni de los libros que voy a leer ni nada de nada, aparte que no tengo interés por escribir en la crónica diaria para el futuro. O sea, desidia total. Y veo con preocupación como mi carácter está cambiando o al menos, he notado en estos cuatro o cinco días últimos mi pereza y falta de interés por hacer cualquier cosa; por ejemplo hoy me ha dado por quitar un montón de papeles de encima de mi mesa, que llevarán en el olvido largo reposo. Pero ya está.

La incertidumbre de lo venidero me produce una profunda desazón. No es posible asomarse a la ventana del futuro, porque éste no existe; aún no se ha desplegado ante nuestros ojos para aparecer ante ellos como el presente. Recibimos noticias, machaconas y constantes, en pocas ocasiones ofrecen perspectivas futuras y las pocas que apuntan no tienen visos de ser esperanzadoras. Me pliego en posición fetal ante las abrumadoras circunstancias que nos esperan. Me apoco día tras día y me lo noto, que es lo peor. Y me entra miedo, mucho miedo ante lo venidero; ante el mundo que se avecina, el mundo que nos encontraremos, como parece que será y que, por supuesto, no se parecerá al conocido hasta ahora.  Pienso que el cambio, será muy importante y tan desigual de lo que hasta ahora conocíamos, que para nuestra manera de vivir, tan española, el impacto puede ser muy preocupante, tanto social como económico. Pero, me pregunto, ¿Cuánto perjuicio nos traerá?, ¿durará mucho tiempo? Y como tampoco sabemos con qué reloj se medirá este ‘mucho’ o ‘poco’ tiempo, las dudas se hacen enormes.

Seguiremos en la trinchera, acurrucados, pero alertas a lo que nos pudiera alcanzar, en la confianza de que ‘aquel que todo lo sabe’, llegado el momento nos lo muestre de forma tan natural e irremisible que sólo nos quedará  aceptarlo sumisamente porque para eso el Futuro se hará presente y por supuesto pasado.

EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS

He terminado de leer el cuarto libro de Carlos Ruiz Zafón titulado ‘El Laberinto de los espíritus’ y, ni que decir tiene, que he disfrutado muchísimo de su ágil lectura. Y no solamente por su prosa y los guiños a personajes y artículos como el Anís del Simio, si no por los grandes recuerdos que me traen los lugares en los que está recreada su trama.

Los que hemos vivido en Barcelona -iba a decir en los tiempos en los que se ambienta el libro, pero no, algo después- y en las zonas que nos describe magistralmente, vamos encontrando lugares y sitios que nos transportan a aquella gloriosa época reviviendo recuerdos que parecían olvidados pero que vuelven a aparecer tan frescos que hacen sentirme un personaje más de su novela.

Yo viví una temporada en el Carrer dels Tallers, recién descargado por el tren que me trajo desde Cartagena. Eran principios de los años 1970. Y ahí encontré una pensión por 1000 ptas al mes. Pronto conocí un maño, Alberto, en la pensión del piso de arriba y del cual me hice amigo. Empezamos a recorrer y a conocer  la Barcelona antigua, principalmente los garitos y restaurantes baratos para comer. Las zonas de vinos que nos llevaban por vericuetos y callejones estrechos y tascas llenas de gente dispuestas a disfrutar de compañía y vino peleón por poco dinero; no recuerdo el coste del vasito –tipo vaso de café- pero estaría por las 3 o 4 ptas.

Las Ramblas las teníamos más que pateadas y sobre todo al final de mes cuando ya no nos quedaba dinero a ninguno de los dos ni para comer.  Pero éramos felices a nuestra manera. Por todo ello, cuando leo en el libro que comento, hablar de la Avda. de la Luz (en aquella época ya con escasa luz y menos negocios) debajo de la estación de los FGC, entre la calle Balmes y Pelayo, me viene un regusto a vino abocado que allí  vendía un solitario camarero (porque no había espacio para otro) en un garito de no mas de 2 x 2  metros y en su mayoría ocupado por un payés a tamaño natural que escanciaba el vino desde un odre a un recipiente de madera, constantemente  mediante un circuito cerrado y en el que se leía “Vino de Montroig”.  Y la Plz. Real  con sus enormes vasos de cerveza fresca, sentados bajo los soportales ojeando al personal (principalmente femenino). También recuerdo un bar por esta zona, que había sido durante la guerra civil un refugio. Ni el nombre ni la calle me vienen a la memoria pero allí, bajando a los sótanos, acudíamos gente de toda clase a echar unos vinos y unos desafinados cánticos regionales sentados en bancos alrededor de enormes mesas que podían acoger a más de 20 personas. Otro bar, por la zona, era un local antiquísimo con suelo de tierra y techos de vigas de madera ennegrecidas por humos de mil batallas y que servían sobre un papel de estraza sardinas a la plancha acompañadas por un vino clarete de dudoso origen. Y las raspas, al suelo.

Por la calle paralela al Paseo Colón,  partiendo desde Las Ramblas (creo que aquí había un edificio de la Comandancia de Marina, o algo así)  hasta llegar a Correos  había tal aglomeración de bares a ambos lados de la calle que no recuerdo haber podido llegar nunca al final chateando -de chato de vino- sin saltarme ningún bar.  Uno de estos bares era el entonces llamado “El Celta”  (el primero de nuestra lista) en el que degustábamos una tabla de pulpo a la gallega remojado con una botella de vino ribeiro tinto. Enfrente se encontraba el bar “Canarias”,  me parece que se llamaba así, y su tapa típica era una loncha de jamón, que se cocía entero, pinchada con un palillo en un trozo de patata y tu chato de vino. Seguíamos la ruta  y encontrábamos tanta variedad  de aperitivos que ya estábamos despachados para la cena. Unos daban pescado –morralla-, el otro ensalada, otro tenia lacón con grelos, en otro la tapa era ‘coreano’ y un largo etcétera hasta perder la orientación. También acudíamos a menudo a Can Paixano, nombrado en el libro al que me refiero, aunque yo no recordaba el nombre ni si lo anunciaba en la puerta, y que era un local con telarañas del año de la esparteña en la que se servían copas de una especie de vino gasificado dulzón y que entraba con una facilidad traicionera. Siempre estaba lleno y había que pedir, a gritos, en la barra y degustar en la calle. Por cierto, vendían balas de 4 botellas (creo) envueltas en cartón ondulado atadas con alambre. A la vuelta, pocas veces –entendiendo el mínimo de ‘pocas veces’ como dos veces- estuvimos comiendo en el rte. “Las 7 Puertas” que nos quedaba a la vuelta de Can Paixano.

Por el Paralelo y a la altura del antiguo teatro Arnau (ya entonces cerrado y en lamentable estado) había una callecita con un restaurante cuyo nombre no recuerdo (aventurándome podría decir que era el rte. “Tú Casa” o “Mi casa”, pero no sé) al que acudíamos a comer y cenar muchas veces ya que el precio del cubierto anunciado a la entrada era muy barato. Teníamos tres opciones a elegir: Menú económico 27 ptas, Menú medio 36 ptas y Menú especial 60 ptas todos con la bebida aparte (la cerveza nos costaba 8 ptas). Todos eran tres platos: primero, segundo y postre. A principios de mes –lo digo porque había dinerito fresco- nos íbamos a la Barceloneta algún domingo al Rey de la Gamba a despachar un kilo de gambas a la plancha con una botella de vino y si nos quedaba  hueco seguíamos con un par de bombas por cabeza en La Bombeta que también las podías solicitar con picante para lo cual les hacían un hoyito para añadir un chorro de cayena y joer como picaba aquello.

Algunas veces acudíamos a El Molino a ver alguna función de variedades y lo pasábamos muy bien bebiendo y fumando como descosidos. La fila de delante tenia una repisa de madera para poner la bebida que te servía un camarero y el cenicero para las colillas. Ahora no recuerdo si se pagaba entrada o se hacía con la consumición en butaca. ¡Qué tiempos aquellos! Y a pesar de que no quería extenderme tanto, no he podido evitarlo porque esto es parte de mi vida. Aún así había más tela que cortar.

De Catedrales, Basílicas e Iglesias no puedo decir nada aunque verlas las vimos pero de lejos, y por cierto, las primeras cuatro torres de la Sagrada Familia aún no estaban terminadas. Sin embargo el castillo de Montjuic, el Tibidabo, el Parque Güell y la Ciudadela los paseamos en muchas ocasiones (sobre todo cuando no había pasta).

Ha sido un placer leer el libro ‘El Laberinto de los Espíritus’ el cuarto de la serie de El Cementerio de los Libros Olvidados y los antecesores cuyos títulos, por orden,  anoto a continuación:  La Sombra del Viento, El Juego del Ángel, El Prisionero del Cielo.

LUNA ROJA

Estoy disfrutando de la lectura del libro titulado Luna Roja que me ha regalado la familia el día de Nochebuena última. Trata de viajes espaciales, colonización de la Luna y geopolítica y por supuesto de los poderes fácticos. Unos personajes interesantes en situaciones críticas y en un trasfondo político de China en una época venidera de mediados del siglo XXI.

Igualmente, desarrolla avances sobre el viaje espacial, colonización y permanencia en  nuestro satélite, desplazamientos en estos territorios, gravedad, adaptación, paisajes lunares y sus cráteres, la cara oculta, etc. Y, entre otras cosillas, la mecánica cuántica que a mí me sorbe el seso. Pero esto ya es otra cuestión. Aquí solamente quería reflejar un corto párrafo del libro, 99 palabras nada más, que, aunque el autor  nos sitúa en el 2047, la situación que describe es, no cabe duda, muy actual.  

“Pero ahora daba la impresión de que los gobiernos de todo el mundo estaban sufriendo una crisis de representatividad. Posiblemente se debía a que era todo un único sistema, que podría llamarse capitalismo global con características nacionales, en el que cada rasgo diferencial a lo largo y ancho del planeta respondía a los vestigios de un sistema de estado-nación anterior. Sin embargo, todos juntos formaban un sistema global: el capitalismo. En cuanto a esas características nacionales, China tenía el partido, Estados Unidos, el gobierno federal, y la Unión Europea, su unión; pero el mercado globalizado los regía a todos.”

Del libro de Kim Stanley Robinson titulado “Luna Roja” (ISBN: 978-84-450-0613-9) Ed. 2019.

Aquí lo dejo por si se me olvida recordar.

Posición: A4-5

PARA PENSAR

Hay escritos que se mantienen válidos por encima de los tiempos, sobrevolando situaciones, paisajes y paisanajes, despojándose de las jaulas de cualquier contexto.

Me guardo este texto de la obra que anoto más abajo, del dramaturgo alemán que reseño al pie de este maravilloso escrito.

“Si aprendiéramos a mirar en vez de papar moscas,

veríamos el horror en el corazón de la farsa;

si simplemente actuáramos en lugar de hablar tanto,

no acabaríamos, una y otra vez, yendo de culo.

¡Hombres, no celebréis todavía la derrota

de lo que nos dominaba hasta hace poco!

Aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo,

la perra que lo parió está otra vez en celo.

Eugen Berthold Friedrich Brecht : La resistible ascensión de Arturo Ui.

(Obra escrita en 1941)

Para pensar un poco en estos tiempos que corren, que corrieron y que se repetirán. Seguramente.

LA HUELLA DE LOS LIBROS

Leo todo lo que me cae en las manos. Leo de cualquier tema y lo selecciono de mi colección; de mis muchos libros. Y unas veces con más acierto que otras, pero por aquí ando en estos mundos de fantasía, de historias, de aventuras que me llenan los huecos del alma; que me hacen reflexionar, meditar, disfrutar y despertar la imaginación.

Si tuviera que nombrar toda la literatura que he podido ‘degustar’ se me quedarían por mencionar posiblemente decenas o cientos de libros. Por ello, no lo haré. Eso son cosas mías.

He comprado libros de autores menos conocidos y muy conocidos con títulos de gran tirada. Merecidos Premios que por los tiempos que corren han llegado a los lectores a la velocidad de la luz. La publicidad hace maravillas y nos inclina sin remisión a adquirir aquellos títulos galardonados o no, que nos recomiendan. Y también me he preocupado por comprar libros de escritoras jóvenes -las mujeres siempre son jóvenes-, tendencia que me ha premiado con grandes satisfacciones. Ellas escriben con una especial redacción, poética diría yo, en muchas ocasiones. Sutil, descriptiva, elegante, capaz de subyugarme hasta el punto y final. Ahora guardo muchos títulos de ellas de los que me siento muy orgulloso. Tendría más, pero iré poco a poco.

También he empezado a leer aquellos autores cuyos libros, editados hace muchos años -tantos como 50 o 60 años, incluso más- que en su día me llamaron la atención y pensando que debería tener, por si acaso, para leer algún día. Este ‘por si acaso’ no lo sabría definir, aunque, después del tiempo transcurrido desde su edición para estos libros y sobre todo para mí, el cambio experimentado me ha hecho ver y recibir sus mensajes con otros ojos. Por ello, he recuperado para mi solaz lectura, algunos autores guardados y un poco arrinconados, tales como T. Luca de Tena, Delibes, Gironella, Gorki, Soljenitsin, D. Morris, Nietzsche, S. Beckett, G. Papini, Tolstoi, I. Aldecoa, J.J. Rousseau, Balmes, L. Zilahy, B. Pérez Galdós y muchos, muchos más que me miran desde las estanterías esperando su turno para ser leídos o releídos.

El último que he acabado recientemente y cuyo regusto persiste en mi espíritu es Palabras y Sangre de Giovanni Papini. Unas espectaculares narraciones cortas inverosímiles, oníricas, fuera del espacio-tiempo que cuenta historias breves del hombre y su pequeñez en el mundo, su desorientación, impotencia, sueños inalcanzables, miserias de sus personajes anónimos de una sociedad de principios de siglo XX, que muy bien servirían para describir situaciones de cien años después.

De este mismo autor, quiero destacar títulos como Gog (1931) y su continuación, el Libro Negro publicado en 1951.

Bueno, pues ya ves Pepe (que soy yo mismo), hoy no te has podido resistir a escribir este post dedicado a algunos de tus antiguos libros. Esperemos que no sea de los últimos que escribes. Pues no, ya te lo anticipo a Tí (que también soy yo) y además, como anuncio, te diré qué libro será el sujeto de mis líneas: El Regocijo de las Musas de Antonio Mendoza Mendoza, que trata de … Pero ya te contaré moreno de mi copla.

“Lector, quienquiera que seas, desearía en este momento advertirte, cara a cara, los ojos en los ojos y la mano en la mano, y decirte en voz baja: ¿Crees que vives? ¿Que vives verdaderamente, profundamente, enteramente? ¿Te parece tu vida tan bella y grande como tal vez soñaste en las noches ardientes de la juventud? … … …”

Del libro que acabo de comentar de Giovanni Papini de una de las narraciones titulada “El hombre que no pudo ser emperador”

DON TANCREDO Y LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

Estoy bastante cabreado, enojado y  asqueado de todo lo que estamos oyendo por los medios de comunicación y que salen de las bocas de los candidatos a la presidencia del Gobierno. Espero no ser el único que se encuentra en estos estados de ánimo.

Me gustaría, sinceramente, que cuando leo o escucho noticias o declaraciones de esta gente pudiera enterarme de sus propuestas para gobernar este país en el que tanto gusta el enfrentamiento y la descalificación. Pero como es de esperar no es así, salvo excepciones. Aquí se insulta y se ponderan las noticias falsas (esas que, ‘ahora que sabemos hablar inglés’, se llaman fake news); aquí que la forma más fácil de hablar por los micrófonos de los medios es el insulto al adversario, la descalificación, el “y tu más”, el despellejamiento, el continuo machacar al contrario para que nos enteremos de qué terrible es lo que ocurriría en este país en caso de que, estos o los otros, ganaran las elecciones. ¿Quiénes se acuerdan de la justicia social, de la sanidad pública, de la enseñanza, de nuestros hijos emigrados para buscar su pan, de los parados, pensionistas, dependientes y enfermos? Y una extensa relación que reclama el bienestar social para que esta clase media empobrecida cada día más no termine por extinguirse. ¿Seremos pronto un país de ricos muy ricos y pobres extremadamente pobres?

Nos están enfrentando con nuestros familiares, amigos, convecinos, paisanos y con todo aquel que no esté de acuerdo con nuestras ideas. Terminando las discusiones, si no en batallas campales, en los famosos ‘vete a tomar por culo’, ‘tú lo que eres es gilipollas’ y otras lindezas que nos salen de la boca – espero que no del alma- y que tienen como resultado que no nos hablemos en una larga temporada.

Pero no nos hemos enterado –porque nadie nos molestamos- en buscar información de cuales son los Programas Electorales de cada partido que concurre a las elecciones. Nadie contrastamos sus propuestas ni comparamos con otros partidos de similares o de contrapuestos proyectos. ¿Quizá estamos viendo el futbol? O puede que estemos discutiendo en el bar con algunos espontáneos que hemos pillado distraídos. Y es que los bares son ágoras de sapiencia.

Y llegarán las elecciones legislativas del 28 de abril -que ya no queda nada- y nos encontraremos haciendo de Don Tancredo, quietos como palos y sin ejercer nuestro derecho al voto porque no sabremos qué papeleta querríamos depositar. ¡Ah! pero eso si, volveremos al bar a comentar los resultados de la jugada y a seguir dando por saco al prójimo. ¿Es que no te das cuenta que si no votas no tienes ni derecho a juzgar los resultados? Bájate de tu pedestal artificial, arriésgate y ejerce tu derecho al voto. Si no gana el partido que más se acerca a tus ideas, al menos has participado y entonces puedes ir al ‘ágora’ a departir con los colegas y recuerda el dicho aquel de “las penas, con pan son menos” (siempre y cuando tu pan no te lo quiten de la boca aquellos de los cuales ya te están avisando).

Ya hablaremos el día 29. O no.

Cuidado con aquello del “Pinto, pinto, gorgorito…”
 

HACER EL PINGÜINO O CON LOS PANTALONES POR LOS TOBILLOS

Esto es un hecho probado y cualquiera puede experimentar, tanto ellas como ellos. Correr en esa situación es como hacerlo tal que un pingüino. No se avanza mucho, es hilarante y grotesco.

Hoy estuve tomando mi café como casi cada día y me acerqué a una mesa de la que se habían levantado unos comensales y recogí el diario para entretenerme hojeándolo. Y no me he podido resistir a comentar el detalle que he observado en este ratito. Aparte de los titulares que uno puede ir leyendo y el desarrollo del encabezado – caso de que apetezca seguir leyendo- he reparado en una cosa interesante y sin querer buscar los tres pies al gato. Abro el periódico y comienzo mi repaso a la actualidad: “Bankia vende por 3.5 millones…” “Se abre juicio oral por el accidente de…” “El Brexit reduce…” “La Ministra de Hacienda retrasa…” “El juicio por el accidente del metro se celebrará…” “El importador de setas…” “Los agricultores denuncian…” “El ejecutivo centra su estrategia…” “La Comisión parlamentaria de la Caja B…” “Maduro…”

Así voy pasando hojas hasta que llego a los deportes, bueno, mejor dicho, al fútbol. ¿Y qué me encuentro? ¡Ah, pues algo muy interesante! Al menos para mí. ¡En esas hojas encuentro miguitas de pan! Además de manchas de aceite y algunas cascarillas de cacahuete. Bueno, ¿y qué?, preguntarán algunos (que a mí me da igual si lo preguntan o no), porque yo no me pregunto que qué querrá decir esto. La respuesta la voy a anotar ahora mismo.

Lo primero que me ha recordado este rastro que he mencionado es aquello de que “si hay humo, es que hay fuego” o “si hay colillas de cigarrillos, es que aquí se ha fumado”. Supongo que alguien de los ocupantes de la mesa ha hojeado el periódico y al llegar a las páginas de deportes –insisto, fútbol- se ha recreado bastante más en los escritos. Habrá comentado con los contertulios, entre bocado y trago, las noticias servidas en esta sección, provocando una amena charla participativa que ha sido la culpable de que se amontonen las migas caídas del bocata y las huellas de aceite de no limpiarse las manos de la grasa del relleno del bocadillo. Allá cada cual con sus migas y sus grasas, que eso no me interesa. Porque el meollo de esta circunstancia, a mis cortas entendederas, es que aquel lector –o quizá pasador de hojas- fuera directamente a la sección de deportes (léase fútbol) regodeándose en su contenido. Y es que en este país no hay nada más importante que el fútbol (y los toros) para mantener al pueblo con los sentidos dormidos y ajenos a todo acontecimiento que no tenga que ver con aquel deporte. Esta estrategia no es de tiempos actuales, pues ya viene de muy antiguo. No me refiero sólo a la ‘información’ escrita sino a cualquier forma de comunicación o información, tales como televisiones, radios, redes sociales. Las conocidas fake news que cada día nos bombardean y que nos las tragamos sin tan siquiera pestañear. Si nos muestran una briqueta diciendo que es de un blanco níveo… ¡zas, para dentro y ya está!

En estos tiempos que corren y en los que se aproximan deberemos tener los ojos bien abiertos porque después, cuando nos apercibamos de lo ocurrido, ya tendremos los pantalones por los tobillos (con el culo al aire) y correr ya no servirá de nada.

Así que me voy a apretar el cinturón (¿más?) no vaya a ser que se me caigan los míos. 

Yo no lo haría…pero ‘ca uno es ca uno’